La última estación
Andén cuatro
El reloj marcaba las 00:47 cuando el tren entró sin hacer ruido. No traía pasajeros, pero las puertas se abrieron igual.
El guardia de la estación anterior me había dicho que no subiera nunca al último tren. Nunca me explicó por qué.
El nombre en el vidrio
En la ventanilla del vagón vacío había un nombre escrito con el dedo. Era el mío.
Cuando el tren arrancó, la estación de destino tenía el mismo nombre que la mía.