El mapa de los días
El río que no estaba
El mapa de mi abuelo tenía un río que no existía en ningún registro. Cada mañana amanecía en un lugar distinto, siempre al oeste de la última aldea.
Decidí seguirlo con una brújula rota y tres semanas de provisiones.
La orilla
Al séptimo día encontré el río. No era ancho ni profundo, pero corría en la dirección en que el mapa señalaba el norte.
En la orilla había una canoa con mi nombre tallado en la madera.