Bajo la lluvia de Curicó
La esquina
Cada junio, a las siete de la tarde, el viajero aparecía bajo el toldo de la panadería con un paraguas rojo y las manos vacías.
Compraba dos hallullas y se las comía caminando, sin mirar atrás.
El paraguas
Ese invierno no vino. Dejé el paraguas rojo en la esquina durante una semana, hasta que el viento lo rompió.
En julio llegó una postal sin remitente. Solo decía: «Sigo comprando dos».